Misioneros Dicma

Nuestra Santa Madre Iglesia nos señala como directriz en al ámbito del desarrollo pastoral de conjunto, en consonancia con el Magisterio Eclesial, que al Tenor del (Canon 498). Somos un grupo de laicos comprometidos Católicos, acogiéndonos al derecho que la Iglesia reconoce (Canon 299) hemos querido asociarnos para formar un Movimiento Laical denominado discípulos misioneros del Inmaculado corazón de María. Este tiene como propósito fundamental, la evangelización, con espíritu de fe, imitando la comunidad Cristiana primitiva que obraban juntos y en compañía de la Santísima Virgen María, escuchaban la predicación de los apóstoles y ponían todo en común; practicando las virtudes Cristianas propuestas en la Sagrada Escrituras y en el Catecismo de la Iglesia Católica. También de crecer y trascender en el ámbito espiritual, personal, familiar y laboral; teniendo como modelo de vida a Jesucristo y a la Santísima Virgen María; procurando en todo el amor, la obediencia y fidelidad a nuestra Iglesia Católica, a través de los Sacramentos, del Magisterio de la Iglesia, de la evangelización, de la práctica y vivencia de la Lección Divina, de la oración personal y en comunidad; trabajando por la conversión de las almas, con los apostolados de la consagración a Jesús por medio de la Santísima Virgen María, según el método de San Luis María Grignion de Montfort, los retiros de conversión, niños, de parejas, grupos de oración, cenáculos y las diferentes actividades realizadas con los Padres en sus Parroquias.

Esto implica a todos los miembros del movimiento, ser discípulos misioneros, como lo manda el documento de Aparecida y como lo fue la Santísima Virgen María, de su hijo Jesucristo. Hemos logrado experimentar una vida Cristiana a plenitud viviendo en comunidad, teniendo como referente hacer siempre la voluntad del Padre abandonados en su amor, en la misericordia de su Hijo Jesucristo y siempre impulsados por la fuerza del Espíritu Santo y con la ayuda maternal y ferviente devoción al Inmaculado Corazón de María. Llamados a conservar el Espíritu de la contemplación y oración; atentos a escuchar la voz de Dios, pidiendo al buen Dios que nos mantenga en la unidad, la humildad y a vivir en fraternidad, compartiendo lo que somos; desde nuestra realidad y colocando al servicio de la comunidad las gracias y bendiciones que el Señor nos ha regalado manifestado en su amor por nosotros “Yo les ordeno esto que se amen unos a otros” (Juan 15,17).

El Papa Pablo VI, nos afirmó, que la evangelización es un imperativo para todo Católico; por lo tanto, un consagrado a la Santísima Virgen María, debe ser un evangelizador de tiempo completo, que siembre con su vida los valores del evangelio siendo testimonio de un Cristo vivo, que sea promotor de la justicia, que sea abogado de los pobres, que sea solidario con todos, que sea signo visible de las realidades trascedentes, que sea ante todo defensor de la vida en todas sus etapas especialmente de aquellos más vulnerables y que sea siempre una persona de cambio y transformación en el amor a Dios y a los demás.

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